UNA TARDE PARA RECORDAR

 

Primeros de marzo de 1977, lunes 16 horas en 1º de BUP, dentro de la clase ya mixta en aquel año éramos alumnas/os con las hormonas revueltas, resaltamos en esta historia cuatro amigas, Gema, Marilú, Vicki y una servidora, Angeli, como es normal comenzando la primera clase con muy poco ánimo pero no por el profe que era un profesor nada aburrido, tampoco por la asignatura en sí que era literatura y la explicaba de tal forma que pegaba unos gritos cuando veía que se nos cerraban los ojos, sino más bien por el horario, recién comidas, el sol que traspasaba la ventana y el calorcito del radiador que nos subía por las piernas y nos entraba un sueño arrebatador. Todo este cóctel contribuía para que la menos estudiosa que era yo se me cerrasen los ojos por lo que había que hacer algo y lo antes posible sobre todo antes de que Don Lino se metiera en materia y no hubiera manera de interrumpirle pues cuando empezaba a hablar y hablar, era un literato de nacimiento, con vocación de profe de los pies a la cabeza y era muy difícil callarle por lo que había que idear algo ya.

En clase los pupitres estaban colocados de dos en dos, habiendo filas de cinco y a media clase al lado de las ventanas nos sentábamos nosotras, delante Marilú con Vicki y detrás Gema y yo, ni que decir tiene que Marilú y Vicki casi siempre estaban giradas mirando hacia atrás y las broncas caían de vez en cuando. Yo convoqué una rápida reunión general y entre las cuatro con el tema que expuse fuimos hilando lo que se podría llamar “teatrillo de pilluelas”, es decir ideamos entre las cuatro la mayor trola que hasta ahora habíamos hecho…de ahí surgió sin quererlo realmente una tragicomedia. Todo empezó así…

Angeli-chicas me aburro, este calorcito hace que se me cierren los oídos y no voy a escuchar lo que va a decir Don Lino ¿por qué no ideamos algo para salir del instituto?

Gema- pero ¿Qué dices? no nos van a dejar salir, las puertas ya están cerradas.

Marilú y Vicki volviéndose hacia nosotras dos y las cuatro con las cabezas agachadas para no ser vistas ya que Don Lino estaba sentado en su gran mesa al lado de la pizarra y ya comenzaba tema. Recuerdo que, aunque mis oídos no querían oírle me llegó el título de la obra en la que teníamos que trabajar, obra de Molière “El enfermo imaginario”. Entre cuchicheos, risas nerviosas y que los compañeros de alrededor se olían algo curioso, les conté en cero coma que el domingo había ido con mi novio al cine, a ver una peli de adolescentes muy chula, “Para nosotros las inglesitas” y que hoy lunes también la ponían por lo que había que pensar rápido para ir al pase de las 17,30 horas y que el buenazo de Don Lino nos dejara salir a las cuatro.

En principio no se nos ocurrió lo que nos iba a caer con toda esa adrenalina revoloteando por nuestros cuerpos. Me levanté con decisión y reclamé a Don Lino que se acercara por favor ya que queríamos decirle algo importante. El interrumpió a Molière y se acercó hacia las cuatro alumnas. Como estaba Molière de por medio y la imaginación por las nubes “El enfermo imaginario” nos dio la salvación para poder salir del aula y por la puerta grande, burlando al profe.

Las cuatro mosquitas muertas empezamos a contarle como si de un argumento de estudio 1 se tratara de que había fallecido el padre de nuestra amiga Elena y que el entierro era a las 17 horas, el horario estaba muy cuadrado para poder ir al cine al pase de la tarde.

Tras escuchar nuestra pena y necesidad de ir a “nuestro entierro imaginario” y en este caso no de Molière, la cara de Don Lino era un cuadro ya que le pilló totalmente de improviso, seguro que era la primera vez que cuatro adolescentes querían ir de entierro y empatizó con nosotras. Pero no quedó ahí la historia, pensábamos que lo teníamos hecho al contarle la trola al profe. En aquella época tan diferente a la de hoy en día si se podía salir del insti, aunque fuéramos menores, hoy en día sin la firma de los padres eso hubiera sido imposible o también algún padre podría recoger a las chicas,,, pero volviendo a 1977 ya pensábamos que lo teníamos chupado ya que Don Lino se dejaba convencer fácilmente, más aún cuando tres de esas cuatro alumnas eran muy buenas estudiantes, Angeli, es decir una servidora, era más creativa, fantasiosa y dispersa en aquella época y los codos no los hincaba mucho. Pero Don Lino lo hizo muy bien y se tuvo que acordar de Pilatos ya que, como aquel, se lavó las manos muy sutilmente y dijo que Marilú y Angeli que éramos la que llevamos un poco más el tema bajaran a la directora a contárselo y si ella no ponía ningún inconveniente que por su parte tampoco lo habría, eso sí debían subir la autorización firmada de Doña Rosario autorizando la salida de nosotras cuatro. Aquí se nos tuvo que cambiar la cara ya que Doña Rosario era una mujer seria, exigente, seca…vamos no era nada accesible, ya no había vuelta atrás y con mirada cómplice de las cuatro y bastante acongojadas tanto Marilú como yo decidimos hacer caso a Don Lino pues no nos quedaba otra, ya saliendo del aula nos volvimos para mirar a Vicki y a Gema y esta vez vieron que las caras de las dos emisoras eran de espanto. Tras cerrar la puerta nosotras debíamos volver a idear un argumento y esta vez de pena superlativa, la comedia había empezado y ahora tocaba la tragedia, ¿pero no sería mejor esconderse en los servicios o que se nos tragara la tierra? ¿Cómo íbamos a ponernos delante de esa mujer tan agria y repetir las mismas palabras? Ambas estábamos a medio paso delante de la puerta de la directora, titubeando si llamábamos o corríamos en dirección contraria. Nosotras teníamos todo el peso de poder salir airosas las cuatro en nuestras manos mientras Gema y Vicki estaban esperando en sus asientos tan tranquilamente, aunque no era así ya que ellas estaban expectantes sin parar de mirar la puerta, esperando que subiéramos las tres y que nos cayera un castigo ejemplar por mentirosas pues una cosa era camelarse a Don Lino y otra muy distinta a Doña Rosario que era un hueso más duro.

Mientras estábamos ante la puerta cerrada del despacho, en clase seguían con “El enfermo imaginario” y tanto ellas en clase como nosotras dos delante de la puerta estábamos a punto de enfermar, pero ya no había vuelta atrás por lo que respiramos profundo y a sacar nuestro mejor argumento y mucha entereza, la misma o incluso mayor de la que habíamos tenido hasta ahora, no era el momento de salir corriendo ni flaquear sino de hacer una buena actuación, al fin y al cabo ya teníamos la mitad hecha. Marilú llamó muy sutilmente y yo dije con voz bajita ¿se puede…?

Entramos las dos sigilosas, vamos que quien nos conociera bien sabría que había gato encerrado o un interés oculto. Todo sea dicho, nos temblaban las piernas, aunque doña Rosario no las vio. Pero estábamos decididas de ir a por todas y entramos al ruedo a cortar por lo menos las dos orejas, aunque en este caso de Don Lino, no lo he mencionado anteriormente, pero las orejas del profe eran tremendas, de aquellas que si se pone sombrero al tener tanta base nunca lo perdería un día ventoso, esas orejas eran un buen anclaje, pero volviendo a lo que nos ocupa me llega el recuerdo de dos adolescentes de 14 años delante de Doña agria. Se nos cambió la cara a pena profunda como al borde de caérsenos alguna lágrima que otra, pero no con tácticas teatrales como acercarnos una cebolla ni nada de eso sino porque estábamos concentradas metiéndonos en el papel que nos ocupaba hacer. Empezó a hablar Marilú y continué yo, si hubiéramos estado representando la obra en un escenario con público incluido a lo mejor nos hubieran dado el Premio Max de las Artes escénicas porque aquello era una actuación y un no parar de embustes y de explicaciones sin olvidar llevar nuestra pena en el cuerpo. Doña Rosario no articulaba palabra alguna, se limitó a escucharnos y se puso en pie como para acercarse más a nosotras, mis piernas no paraban de moverse, pero lo mismo pensó que necesitaba ir al baño.

Ella nos explicó de una manera casi maternal que a lo mejor cuatro chicas de catorce años no deberían pasar por este tipo de sucesos si son evitables. Siguió diciendo que en estas situaciones donde la tristeza es total podría afectarnos negativamente y pasarlo muy mal, son cosas de adultos y que lo mejor era invitar a Elena a salir el próximo fin de semana, acompañarla y distraerla, hoy sería una reunión más familiar que presentarse amigas al entierro. Tras estas palabras debió de pasar un ángel porque hubo un silencio sepulcral. Nos miramos a la cara y no nos podíamos creer que todo el montaje estaba casi perdido, pero se me ocurrió un plan b rápidamente; le comenté que solo con acompañarla se sentiría más protegida y mejor, que la distraeríamos en esos momentos tan difíciles y que, aunque sabíamos que era situaciones de mayores ella era nuestra amiga y no la queríamos dejar sola. Doña Rosario se dio cuenta que la situación era la que era y por poner de su parte un poco se iba a hacer mucho por Elena.

Por lo visto la tuvimos que coger en el momento idóneo, en uno de esos momentos en los que ella habría vivido alguna situación similar; como ir a algún velatorio o incluso entierro y que aún tendría rondando por su cabeza, nosotras sin parar de hacer nuestro papel y con tal convencimiento que tras decir que nuestra amiga evidentemente “imaginaria” ahora huérfana de padre, estaba muy triste y necesitaba nuestro apoyo y que el difunto era un hombre muy joven que Doña Rosario, que se olvidó de su cara agría en toda esta reunión, si hubiéramos continuado con lo mismo por más tiempo yo creo que nos ponemos las tres a llorar por lo que dio por terminado este cúmulo de explicaciones y nos hizo el justificante para que Gema, Vicki, Marilú y una servidora pudiéramos salir del instituto por la puerta grande.

La farsa ya estaba casi hecha, Marilú y yo subimos los escalones de dos en dos como si de caballos desbocados se trataran. Ya frente a la puerta de la clase pedimos permiso para entrar y pasamos toda compungidas y dirigiéndonos a Don Lino le enseñamos la autorización. El profe se dirigió a las otras dos y les dijo recoger vuestros pupitres y vosotras también que os vais al entierro a acompañar a vuestra amiga. Vicki y Gema no daban crédito, Marilú y Angeli lo habían conseguido. Ahora solo había que buscar al conserje y darle el justificante para que nos abriera la puerta. Yo creo que ni el mismo Molière nos hubiera impedido que las cuatro fantásticas salieran del insti, lo mismo hubiera hecho una segunda parte titulándola “El entierro imaginario”.

Cuando ya estábamos en la calle no podíamos parar de reír y Gema y Vicki querían saberlo todo, aún teníamos dosis de adrenalina por lo que bajamos la Avenida en un periquete, si a Don Lino se le hubiera ocurrido asomarse por la ventana le hubiéramos descolocado un poco pues parecíamos cuatro cabras desbocadas. Nos dirigimos hacia el cine, ya estaba todo hecho…David pudo con Goliat, cuatro niñas de 14 años habían conseguido engañar a Doña Rosario, esto se quedó entre nosotras pues si lo hubiéramos contado y le hubiera llegado de alguna forma a la directora seguro que nos caería una gorda o expulsión de unos días. Ahora sé que no estuvo bien, fue una gamberrada inocente de las cuatro, pero sobre todo lo cuento porque después de tantos años ya ha prescrito, que por cierto ahora somos cuatro maravillosas mujeres con nuestras carreras y estudios y con la amistad por delante, pero esto no acaba aquí….

Ya sentadas en nuestras butacas, yo no daba crédito a las escenas que veía que fueron algunas, les decía que la película la habían cambiado de ayer a hoy que esas escenas no estaban en la proyección del domingo, mis amigas se tronchaban ya que dedujeron que tuve que ver dos veces la misma peli para enterarme de que iba. La habíamos liado parda para que yo viera realmente la peli en dos sesiones, por lo visto el amor no solo estuvo en la pantalla, lo que ocasionó que algunas escenas eran nuevas para mí y yo mosqueada porque les decía pues esto tampoco lo he visto yo, esto fue un no parar de risas que no sé cómo no nos echaron del cine, quizás porque estábamos seis personas…pudiera ser que fuera por eso porque no parábamos de reír.

Ese día hace ya casi cincuenta años fue tan singular, real pero irreal, divertido, original y sorprendente que aun cuando nos reunimos muy de tarde en tarde o hablamos por teléfono sale siempre a deducir recordándolo entre carcajadas y nuestros maridos hacen como que van a su rollo, pero también lo saben. Y digo yo, aquella tarde del 77 con literatura a las 16 horas, recién comidas, con ese calorcito, con Don Lino de profesor y la obra de Molière “El enfermo imaginario” donde las cuatros fantasiosas nos cargamos al enfermo y lo enterramos, cambiando la obra por ”El entierro imaginario”, acaso si hubiera tocado explicar “El ávaro” o “Tartufo” o incluso otros autores franceses como Daniel Defoe, Pierre Corneille o incluso españoles como Miguel de Cervantes o Lope de Vega ¿hubiera acontecido esta historia? O quizás hubiera cambiado todo…pero estando Angeli de por medio hubiera sido otra historia igualmente divertida, pero siempre con mis compis de BUP ya que sin ellas ni esto ni otras tantas historias que vivimos hubieran ocurrido.

 

Albacete diciembre 2024

 

Comentarios

  1. Esto sabemos las cuatro que está basado en hechos reales y fue súper divertido, el escribirlo ha sido aún más divertido porque he recordado aquellos maravillosos años....

    ResponderEliminar
  2. Hay que reconoceros el valor que tuvisteis en aquellos tiempos para tomarle el pelo a un profesor y a una directora.
    Y conociendo a Angeli imagino que habrá muchas historias cómo estás por ahí.


    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, pues sí que las hay porque esa niña sigue aquí dentro...

      Eliminar
  3. Una bonita historia,bien redactada que me deja una sensación de inocencia gratuita

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, lo recuerdo con mucho cariño, aquellos maravillosos años....

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

PAREJA DE NOVIOS CON POCA COMUNICACIÓN Y POCO INTERÉS